¿Qué pinta una vaca en un artículo sobre Comunicación en Redes Sociales?

9 mar

A menudo me siento un objeto en las redes sociales. Hay muchos comportamientos en ellas que me hacen sentir así.

Creo que hay gente que debe pensar que soy… no sé, ¿una vaca?, un animal hambriento (de información) al que hay que alimentar con grandes cantidades de contenido y al que no hay que cuidar en ningún otro aspecto.

Y tanto, tanto, tanto contenido recibo, suministrado de manera industrial e indiscriminada, que quedo enterrado en él sin que ni siquiera medie un “hola” o un “gracias”.

Muchas de las personas que me suministran ese “alimento” se toman ese trabajo como una obligación diaria que realizan de manera sistemática.

Imagino que se levantan temprano, tiran de Hootsuite y ¡hala!, a programar el menú diario de contenidos que voy a suministrarle a Juanma.

“Un par de contenidos por hora (o más), que se vea que soy un tipo activo y que me tomo esto en serio, con material que he pillado de Feedly o Flipboard (que me lo sirve a toneladas)”

Qué pinta una vaca en un artículo sobre Comunicación

No sé, deben pensar que yo no tengo Feedly o algo asi.

Esta automatización para el envío indiscriminado de contenidos, sin una mínima personalización, creo que no es una manera eficiente, ni respetuosa, para conseguir eso que llamamos engagement

Pero hay más…

¿A que jugamos en realidad en las redes sociales?

Bueno, según qué personas… el juego es diferente.

La comunicación en redes sociales delata muchos tipos de perfiles pero yo los identifico y agrupo dentro de 3 grandes categorías bien diferenciadas:

El usuario-robot

Hay quien juega a no hacer NADA, a no participar más que (eso sí) compartiendo compulsivamente los contenidos de otros.

A eso se limita su comunicación en redes sociales. Son como esos robots automatizados de las fábricas de coches, porque realizan todo el rato el mismo trabajo: cojo la pieza de un lado y la suelto en otro, cojo la pieza de un lado y la suelto en otro, cojo la pieza de un lado y la suelto en otro… así todo el día.

Este usuario-robot suele ser bastante activo: articulo que veo, artículo que comparto, foto que veo, foto que comparto, chiste que veo, chiste que comparto.

Con él la interacción es cero, cerote.

No le conoces porque nunca muestra su personalidad.

Si le escribes comentándole algo sobre el artículo que ha compartido, su respuesta siempre será tímida y, normalmente, insustancial.

Nunca publica nada propio, nunca valora ni comenta lo que comparte, se limita a cumplir con su misión dentro de la factoría de vehículos: coger y soltar, coger y soltar…

  • ¿Tiene alguna utilidad para ti este perfil?
  • No, ninguna
  • Bueno pero… al compartir todo lo que cae en su TL también compartirá los contenidos que tú generas. Y eso te viene bien, ¿no?
  • No, porque de la misma manera que yo ya no presto atención a lo que comparte (por pesado y carente de criterio) el resto de personas supongo que hace lo mismo. Que comparta mi contenido no me ayuda mucho

El mirón

Se suele diferenciar del usuario-robot en dos cosas: no comparte casi nada (o nada) pero al menos te hace saber que está ahí y que valora tus contenidos, o los que compartes de otro, tirando de likes, +1 y favoritos.

Sabes que está atento, que es buen observador y que disfruta de la comunicación en redes sociales, aunque él no participe.

Es tan tímido como el anterior pero tiene un mejor sentido de la interacción.

La razón de su ostracismo es, a menudo, la modestia o la inseguridad. No se siente una persona brillante o carismática como para crear comunidad.

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Tu misión es la de sacarle de ese estado de pura observación, conseguir que deje de practicar ese “voyeurismo digital” y participe.

Puede hacerlo, puede desarrollar su propia comunicación en redes sociales, solo necesita que le des un poco de confianza.

Si lo consigues, si te conviertes en una de las pocas personas con las que entabla una relación, suele tranformarse en un seguidor fiel, casi en un profeta de tu causa.

El usuario ideal

Para mí el usuario ideal es aquel que solo comparte cosas de contrastado interés, propias y ajenas.

Es alguien que investiga y lee mucho, pero solo comparte aquello que piensa que es valioso para él y para su comunidad.

No se pasa el día entero vomitando contenidos sin ton ni son.

Pocas veces comparte cosas sin añadir un mensaje personalizado.

Además es una persona que sabe manejar bien las dos palabras mágicas, las verdaderas top keywords de la comunicación en redes sociales: gracias y enhorabuena.

Cuando el resto de personas le identifica como alguien con criterio que no suele rebotar contenidos de poco valor, sus recomendaciones se convierten en muy valiosas.

Es un tipo que me deja respirar y, sobre todo, es alguien que interactúa, conecta personalmente.

Es capaz de mantener una relación, no robotizada y distante sino humana, con las personas que hay detrás de esos contenidos y con las personas que reciben sus actualizaciones/recomendaciones/mensajes.

Y cuando esto último ocurre… se produce el milagro:

El verdadero sentido de la comunicación en redes sociales: la conversación

Es cierto que compartir contenidos es algo maravilloso que podemos hacer a golpe de click, en un instante. Pero es aún mejor encontrar a una persona detrás de ese contenido, poder hablar con él, intercambiar opiniones, humanizar la relación.

¿Qué otro sentido tiene que estemos ahí intercambiando textos, fotos o videos?

Si realizas un uso profesional de las redes lo que pretendes es establecer relaciones personales y laborales/comerciales, está claro.

Puedes llevarte años compartiendo buen contenido sin sacar ningún provecho de eso. Porque para obtener algún provecho es necesario conectar con personas de manera directa, conversar.

La conversación es la herramienta perfecta para que surja un proyecto, una colaboración, una venta, una transacción que nos beneficie a ambos.

Eso es lo que realmente perseguimos, oportunidades.

Lo hacemos sin vender directamente nuestro producto, aportando valor, difundiendo hábitos e ideas, vale, pero lo que necesitamos es crecer, “vender” para nosotros mismos o para otros, y eso es poco probable si no conversamos.

Esa es la verdad.

Así que, no me interesa en absoluto tener cientos de seguidores, o seguidos, en estado durmiente o en modo robot. No los quiero, no es eso lo que busco porque de esa insulsa “relación” nadie saca provecho, ni ellos ni yo.

Los profesionales y las empresas necesitamos llegar más allá, convertir las redes en una vía de conversación.

Tenemos que escribir y transmitir mensajes que susciten conversaciones.

Lo demás no es sino coleccionar seguidores o fans de dudosa utilidad.

Me encantaría leer tus comentarios a este artículo. Puedes dejar tus impresiones un poco más abajo.

Gracias por estar ahí.

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